martes, 12 de abril de 2011

TEMA 22 PERSONALIDAD, PROCESOS PSICOLÓGICOS Y CONDUCTA DE SALUD

TEMA 22

PERSONALIDAD, PROCESOS PSICOLÓGICOS Y CONDUCTA DE SALUD.


  • De acuerdo con la hipótesis de que hay características de personalidad, factores estables de diferenciación individual, que predisponen, o facilitan, el desarrollo y mantenimiento de ciertos patrones de conducta, algunas variables de personalidad predisponen a los individuos al desarrollo de conductas que podrían ser peligrosas para su salud. De igual manera, otras variables parecen estar asociadas al desarrollo de conductas protectoras de la salud.

  • rasgos de personalidad y conducta de salud.
  • Con el propósito de someter a prueba esta hipótesis, se ha llevado a cabo un gran volumen de investigación, esencialmente de carácter correlacional. El principal problema al que se ha enfrentado este tipo de investigaciones es el empleo de una gran diversidad de constructos de personalidad, frecuentemente redundantes y medidos con diferentes instrumentos, junto a la ausencia de un marco de referencia conceptual que pudiera dar coherencia a esta área.
  • El modelo de los Cinco Factores incorpora la mayor parte de los resultados de investigación generados a partir de otros modelos teóricos asociados con las dimensiones de Extraversión, Neuroticismo y Apertura Mental (variable estrechamente relacionada con Búsqueda de Sensaciones). De igual manera esta investigación ha mostrado que las dimensiones de Afabilidad y Tesón son también relevantes para el desarrollo de conducta saludable y el logro de más elevados niveles de bienestar psíquico y físico.
  • Con respecto a la dimensión de Afabilidad, la evidencia indica que esta dimensión está asociada al desarrollo regular de ejercicio físico, prácticas de autocuidado, menor consumo de sustancias potencialmente peligrosas y mejor control dietético.
  • La dimensión de Tesón, por su parte, parece asociada a mejor condición física, mayor adherencia al tratamiento médico, mejores hábitos de salud y longevidad.

  • estado actual de la cuestión.
  • Junto a esta evidencia relativa al papel que el modelo de los Cinco Factores puede jugar, como marco de referencia para integrar la investigación sobre personalidad y salud, tres cuestiones requieren una mayor atención.
    • Primera, si el modelo de Cinco Factores es un marco de referencia suficiente para abarcar las diferentes variables de personalidad empleadas en la investigación sobre personalidad y salud.
    • Segunda, interesa conoce hasta qué punto estos cinco grandes factores de personalidad explican suficientemente las relaciones observadas hasta ahora entre salud y factores más específicos de personalidad.
    • Tercera, es preciso conocer igualmente los mecanismos y procesos que podrían estar mediando entre estas dimensiones básicas y comunes de personalidad y los diferentes criterios de salud.
  • La mayoría de las medidas de personalidad comúnmente empleadas en este ámbito de investigación pueden ser agrupadas en dos grandes conjuntos:
    • El primero de ellos de carácter emocional, integrado por variables como ansiedad, depresión, hostilidad, impaciencia, cinismo, alienación paranoide, estilo de afrontamiento de carácter emocional y locus de control externo. Neuroticismo y Afabilidad se integrarían en este conjunto.
    • El segundo de carácter motivacional-energético, estaría integrado por variables como competitividad, autoeficacia, optimismo, internalismo y estrategias de afrontamiento centradas en el problema. Tesón, Extraversión y Apertura mental se integrarían en éste.
  • Las Cinco grandes dimensiones de personalidad explican menos del 30% de la varianza de muchas otras variables específicas, incluyendo variables tan significativas en este contexto como optimismo, impaciencia, depresión, locus de control o estrategias de afrontamiento centradas en el problema. En consecuencia, puede resultar prudente tomar en consideración la contribución potencial de algunos de estos factores específicos y su evaluación independiente en la medida en que con ello se puede incrementar de manera sustancial el poder predictivo de dimensiones más globales de personalidad como las representadas por los cinco grandes.
  • Para responde a la segunda cuestión (¿hasta qué punto los cinco grandes pueden dar cuenta de las relaciones observadas entre salud y factores específicos de personalidad?) las asociaciones tradicionalmente encontradas entre criterios de salud y variables de personalidad, tales como autoeficacia, hostilidad, optimismo, ansiedad o estrategias de afrontamiento, prácticamente se reproducen en las asociaciones encontradas entre los criterios de salud considerados y las cinco grandes dimensiones de personalidad.
  • Convendría dedicar en un futuro próximo mayores esfuerzos de investigación encaminados a la identificación de las circunstancias, o para el análisis de qué problemas específico, bastaría con la sola evaluación de estas cinco dimensiones básicas y en cuáles será preciso tomar complementariamente la medición de otras variables específicas de personalidad.
  • Finalmente, con respecto a los posibles mecanismos que servirían de puente entre estas cinco dimensiones generales y salud:
    • Las cinco dimensiones de personalidad parecen consistentemente asociadas con factores y procesos dinámicos como las estrategias de afrontamiento que la gente emplea, el mantenimiento de un entorno de apoyo social estable, el tipo de acontecimientos a los que hace frente, la calidad del entorno en que se desarrolla la vida diariamente, y las creencias que mantiene sobre la salud.
    • Estos factores y procesos median la asociación significativa existente entre personalidad y criterios de salud. Este efecto mediacional (reflejado en el descenso que se produce en el coeficiente de correlación entre personalidad y criterio de salud cuando se controla el efecto que sobre esta correlación ejerce el factor mediador) viene a poner de manifiesto que la asociación entre personalidad y criterios diversos de salud se explica en gran medida por la actuación de procesos dinámicos y procesos psicosociales.
  • Los datos aportados por esta primera línea de investigación, relativa a la asociación entre criterios de salud y variables de personalidad, consideradas aisladamente o integradas en el marco definido por los cinco grandes, son importantes para la identificación de diferencias individuales en frecuencia, intensidad y predisposición a desarrollar conductas de riesgo, o, por el contrario, conductas preventivas y promotoras de salud. Sin embargo, nos dicen poco acerca de las razones por las que estas diferencias ocurren.



PROCESOS PSICOLÓGICOS Y CONDUCTA DE SALUD.

  • modelos de conducta de salud.
  • Modelo de creencias sobre la salud. En este modelo se sostiene que el desarrollo de una determinada conducta preventiva dependerá de las expectativas y valoraciones que el individuo mantiene respecto de:
    • La probabilidad que cree tener de sufrir las consecuencias negativas potencialmente asociadas a la conducta de riesgo que actualmente desarrolla (susceptibilidad percibida).
    • La gravedad que asigna a tales consecuencias.
    • Los beneficios que cree le reportará la conducta preventiva.
    • Las dificultades y obstáculos que podrían impedirle llevar a cabo la conducta preventiva, o disminuir su atractivo potencial.
  • La hipótesis es que desde este marco de referencia se entiende que la posibilidad de que se adopte una determinada conducta protectora de la salud será mayor mientras más elevados sean los niveles de susceptibilidad y gravedad percibidas, mayores los beneficios que se obtendrían de la conducta preventiva y menores los costes y dificultades para llevarla a cabo.
  • Teoría de la Utilidad Subjetiva Esperada. El supuesto central de este modelo establece que las personas evalúan el coste, beneficios y posibles consecuencias de las distintas alternativas de conducta disponibles en cada situación y momento determinados y elige aquella alternativa que le puede reportar mayores beneficios.
  • Una segunda matización importante que se incorpora en esta teoría es la necesidad de contextualizar la percepción de vulnerabilidad, según se vaya a llevar a cabo o no la conducta preventiva.
  • Desde esta perspectiva, se espera que:
    • La intención de llevar a cabo la conducta preventiva se incremente en la medida en que se perciba que puede ser beneficiosa y que la vulnerabilidad es elevada si no se adopta la conducta preventiva.
    • Por el contrario es poco probable que la conducta preventiva se desarrolle si supone un elevado coste o se percibe elevada vulnerabilidad aun realizando tal conducta.
  • Teoría sobre la Motivación de Protección. Desde esta teoría se defiende que determinados factores ambientales y personales, ante la presencia de ciertos estímulos internos o externos, pondrían en marcha procesos cognitivos que median, condicionan, el que una persona tome la decisión o no de cambiar su conducta. Estos procesos cognitivos tienen como finalidad valorar, por un lado, la cantidad de riesgo que uno puede estar corriendo y las posibilidades que uno cree tener de hacerle frente con posibilidades de éxito, por otro.
  • El efecto conjunto de estos dos procesos de valoración es lo que determina lo que en esta teoría se denomina motivación de protección: lo que facilita, en otras palabras, que se tome la decisión de cambiar o no la conducta.
  • Teoría de la Acción Razonada. La hipótesis general propuesta viene a decir que la decisión de adoptar una conducta determinada es función esencialmente de:
    • La actitud que uno mantiene hacia la misma; esto es, la valoración que se hace de la conducta.
    • La presión social existente sobre el individuo para que lleve a cabo o no la conducta (norma subjetiva).
  • Desde esta perspectiva, la decisión de llevar a cabo una conducta preventiva específica va a depender, básicamente, de que:
    • Se mantenga una actitud positiva, favorable, hacia la misma.
    • Se cuente con un entorno social que apoye el desarrollo de la conducta.
    • Exista disposición por parte del sujeto a seguir esta presión social positiva y aprovechar el apoyo que le puede prestar este entorno social favorable.
  • Teoría de la Conducta Planificada. En una posterior elaboración de la Teoría de la Acción Razonada, se incorpora como determinante de la intención de conducta, junto a Actitud y Norma Subjetiva, el Control Conductual Percibido (concepto próximo a autoeficacia), esto es, la expectativa que mantiene una persona acerca de su capacidad y los recursos de que dispone para llevar a cabo con éxito la conducta.


  • integración y evidencia empírica.
  • Prácticamente todos estos modelos comparten una hipótesis general común, esto es, que la conducta humana es esencialmente racional e intencional. Se espera, por tanto, que:
    • Primero, para emprender una nueva conducta, o para modificar alguna ya existente en el repertorio de conductas del individuo, la gente pone en marcha un conjunto de procesos cognitivos, afectivos y motivacionales, a partir de los que toma la decisión de emprender un determinado curso de acción.
    • Segundo, una vez que se ha tomado la decisión, la conducta consistente con tal decisión se llevará a cabo automáticamente.
  • El proceso de tomar una decisión se supone está condicionado por:
    • El análisis y evaluación de los posibles cursos de acción, las potenciales consecuencias asociadas a cada alternativa de conducta, la disponibilidad de recursos para lograr o evitar tales consecuencias, el balance coste-beneficio asociado a cada opción conductual y las influencias y presiones sociales a favor o en contra del curso de acción que uno ha decidido seguir.
    • Los procesos afectivos activados por cada alternativa potencial de conducta.
    • La congruencia existente entre cada alternativa de conducta y las otras metas, valores y proyectos que el individuo persigue y mantiene en un determinado momento, y, en general, a lo largo de su vida.
  • Tomando como marco de referencia la integración de los principales constructos propuestos por el Modelo de Creencias sobre la Salud y en la Teoría de la Conducta Planificada, los procesos psicológicos que influyen en el desarrollo de cambio de conducta y la naturaleza de las interrelaciones existentes entre los mismos ponen de manifiesto que, junto al esperado valor determinante de la actitud, control percibido y norma subjetiva, la intención de cambio de conducta se ve igualmente influida por el balance coste-beneficios que hace el sujeto y por la percepción de vulnerabilidad. En este último caso, no obstante, su efecto se debe esencialmente a la mediación del balance y norma subjetiva.
  • En resumen, la conducta viene determinada por:
    • La confianza en la propia capacidad y recursos para efectuar el cambio y alcanzar la meta propuesta.
    • La valoración del objetivo fijado.
    • La presencia de elementos en el contexto social, que apoyen el desarrollo de la conducta.
    • Al mismo tiempo, se subraya el valor determinante del balance coste-beneficios asociado a la conducta, y, aunque con menor fuerza, la percepción de vulnerabilidad o necesidad de cambio percibida por el individuo.



DOS CUESTIONES Y PROPUESTAS DE RESPUESTA.

  • ¿es siempre racional la conducta?
  • Una hipótesis central de los modelos sobre conducta de salud es que la gente es capaz de percibir el riesgo asociado a sus conductas y que tal percepción les impulsa a iniciar las conductas apropiadas para prevenir o disminuir tal riesgo.
  • La implicación de esta hipótesis es que mientras mayor es la gravedad de las consecuencias asociadas a una determinada conducta y mientras mayor es la vulnerabilidad percibida a tales consecuencias, mayor será el deseo y la intención del individuo de cambiar dicha conducta y mayor será la probabilidad de que esta intención resulte en conducta consistente con la intención.
  • El problema es que la investigación disponible tiende a mostrar que esta hipótesis no siempre se cumple. Así, no es infrecuente observar cómo la gente tiende a infravalorar el riesgo que pueden estar corriendo de sufrir consecuencias negativas para su salud.
  • Por otro lado, el factor vulnerabilidad es con frecuencia el que menos influencia predictiva muestra sobre intención y conducta. Más aún, los resultados de investigación son a veces los opuestos a los sugeridos en la hipótesis: mientras mayor es el riesgo que uno está corriendo, menor parece la intención de cambiar la conducta origen de la amenaza y mayor su mantenimiento en el futuro.
  • La percepción de vulnerabilidad sólo facilita que se tome la decisión de adoptar la conducta preventiva que se le está sugiriendo al sujeto, cuando al mismo tiempo uno cree que la conducta preventiva puede ser una medida eficaz para disminuir o anular la amenaza y se considera uno capaz de llevarla a cabo.
  • El mecanismo más frecuentemente sugerido para explicar estas incongruencias comportamentales y claros ejemplos de irracionalidad es la presencia de sesgos en el proceso cognitivo por el que el individuo valora el riesgo que está de hecho corriendo. Estos sesgos cognitivos causan una percepción distorsionada de sí mismo como invulnerable o, al menos, menos vulnerable de lo que realmente se es.
  • ¿Qué causa esta distorsión en la percepción del nivel de invulnerabilidad? La gente podría estar manteniendo una cierta ilusión de invulnerabilidad debido a la actuación de procesos cognitivos y motivacionales:
    • En el primer caso, la percepción del nivel de riesgo estaría afectada por sesgos en el procesamiento de la información, por ejemplo analizar la situación destacando sus posibles consecuencias beneficiosas, compararnos con otras personas que están aún peor que nosotros, imaginarse situaciones aún peores…
    • En términos motivacionales, este sesgado funcionamiento cognitivo podría interpretarse como un intento de mantener la autoestima, evitar las consecuencias emocionales negativas que resultarían de la admisión del riesgo que uno podría estar corriendo…
  • Esta interpretación sería consistente con dos hechos: la infravaloración de la vulnerabilidad personal es mayor y más frecuente cuando la situación se percibe como controlable, y cuando la conducta en cuestión se ha venido desarrollando durante un periodo largo de tiempo.

  • ¿cómo explicar las discrepancias entre intención y conducta?
  • Desde la racionalidad que parece caracterizar el análisis de la conducta en la mayoría de los modelos de conducta de salud, se espera que una vez el individuo ha tomado la decisión de cambiar, esta intención de cambio se traducirá automáticamente en formas de conducta consistentes con tal intención. No es infrecuente, sin embargo, observar significativas discrepancias entre intención y conducta.
  • Entre las posibles razones aducidas para dar cuenta de estas discrepancias, las tres siguientes parecen las más plausibles:
    • La declaración de intención puede no ser sincera.
    • Puede producirse un efecto interferente de procesos afectivos activados por la información o por las futuras expectativas asociadas a la propia conducta.
    • Puede ser que los procesos que guían la toma de decisión no sean los mismos que los que activan y mantienen las conductas consistentes con tal intención.
  • Una de las posibles razones, de naturaleza esencialmente metodológica en este caso, para estas discrepancias es que la gente falsea sus declaraciones de intenciones. La presión social para abandonar tales conductas podría ser tan fuerte que la mayoría de la gente que las practica informaría que han tomado la decisión de cambiarlas aunque son conscientes al mismo tiempo de que lo más probable es que no sean capaces de realizar tales cambios.
  • Este sesgo en la declaración de intención y la consecuente discrepancia intención-conducta, serían particularmente significativos en las conductas preventivas; esto es, cuando se trata de poner en marcha medidas para frenar o contrarrestar conductas de riesgo integradas en el estilo de conducta habitual del individuo.
  • Gibbons y cols. sugieren la conveniencia de emplear mediciones indirectas que nos permitan acercarnos más a lo que realmente el sujeto cree que va a ser su conducta futura; en lugar de preguntarle directamente qué desea hacer en el próximo futuro.
  • Una explicación alternativa apelaría al papel que pueden jugar los procesos afectivos activados por la información recibida sobre el riesgo que se está corriendo y por la expectativa de las potenciales consecuencias futuras asociadas al hecho de continuar con la conducta de riesgo o adoptar la conducta preventiva y promotora de salud. Estos procesos afectivos podrían distorsionar el proceso racional de toma de decisión e interferir en el desarrollo de conducta consistente con la decisión tomada.
  • Podría suceder, finalmente, que los procesos psicológicos que intervienen en la fase de toma de decisión sean diferentes a los que mantienen la conducta, o al menos puede que estos procesos, aun siendo los mismos, no ponderen de la misma manera en las diferentes fases de la secuencia conductual.
  • Los procesos son probablemente los mismos en las diferentes fases que forman cualquier secuencia de conducta, pero su significado e incidencia pueden no ser idénticos en cada fase. Las posibles discrepancias entre la decisión tomada de modificar en una determinada dirección la conducta, o emprender formas nuevas de conducta, y el comportamiento de hecho, pueden deberse al ineficaz funcionamiento de procesos psicológicos que, de manera más directa y próxima, gobiernan el inicio y mantenimiento de la conducta en el tiempo.
  • El proceso de toma de decisión vendría condicionado por procesos cognitivos, sociales, motivacionales y afectivos. La fase postdecisional, a su vez, se vería afectada sustancialmente por procesos volitivos, sin descartar por ello la presencia y contribución colateral de los otros procesos señalados.
  • Inicio de la conducta. El que las intenciones se queden con frecuencia en buenos propósitos y no lleguen nunca a reflejarse en conductas apropiadas y acordes con la intención, se debe a que no se han planificado adecuadamente las circunstancias, el momento o las condiciones en que se va a poner en marcha la conducta.
  • El inicio de la conducta consistente con la intención vendría facilitado por la formulación contextualizada de la intención, indicando de manera explícita cuándo y en qué circunstancias se llevará a cabo la conducta necesaria para alcanzar la meta. Al contextualizar la intención conductual, como estrategia autorreguladora, lo que se hace es establecer lazos de contingencia entre formas específicas de conducta y los contextos situacionales apropiados.
  • De esta forma, la probabilidad de que se pase de la intención a la conducta se ve incrementada por el valor activador del doble compromiso contraído. Por un lado, el formulado en la declaración de intención y, por otro, al hacer explícitas las condiciones y circunstancias en que se llevará a cabo la conducta que se ha decidido realizar.
  • Persistencia de la conducta. El mantenimiento y la persistencia de la conducta hasta que se alcanza la meta propuesta, por otro lado, se varía favorecidos por el empleo de otras estrategias dirigidas a mantener el valor motivacional de la intención, preservar la conducta de posibles interferencias de otras metas, e introducir los cambios y adaptaciones necesarios en la conducta para lograr el mayor ajuste posible entre intención y conducta.
  • Para entender el desarrollo y persistencia en conductas protectoras de la salud, es importante tener en cuenta la dimensión temporal considerada al establecer la meta a lograr, así como la evolución temporal tanto de las posibles dificultades para llevar a cabo la conducta, como de los potenciales beneficios asociados a la misma:
    • Dimensión temporal: el establecer metas a corto plazo o distribuirlas en submetas, facilita el mantenimiento de su poder motivador y la obtención de feedback periódico.
    • Evolución temporal de dificultades y beneficios: del mismo modo, es comprensible que resulte difícil el desarrollo de nuevas formas de conducta cuando los costes a corto plazo son elevados y los beneficios aparecen lentamente. Lo contrario ocurriría cuando los costes a corto plazo son bajos y los posibles beneficios aparecen pronto.
  • Para ilustrar todo esto, se presenta el análisis de Weinstein sobre cuatro posibles secuencias en la adopción de conductas protectoras de la salud.

    Evolución temporal del riesgo y coste asociados a la realización de cuatro conductas protectoras de la salud. El eje horizontal indica el momento en que se inicia la conducta protectora. El vertical la magnitud del riesgo (gris oscuro) y la cantidad de esfuerzo implicado en la realización de la conducta (gris claro)

  • En el cuadro “a”, la realización de la conducta saludable supone un coste pequeño y los beneficios aparecen rápidamente. En este caso tendríamos conductas muy fáciles de llevar a cabo.
  • En el cuadro “b” se representa el proceso de adopción de una conducta que, a corto plazo, supone un coste significativo, pero que produce efectos beneficiosos rápidamente.
  • En el cuadro “c” puede observarse cómo el riesgo desciende de inmediato, una vez se ha puesto en marcha la conducta preventiva, aunque su mantenimiento supone un importante esfuerzo sostenido.
  • En el cuadro “d” se presenta la secuencia esperable en conductas que aportan beneficios lentamente y a largo plazo, mientras suponen un coste significativo inicial que iría disminuyendo poco a poco a lo largo del tiempo.
  • Lo que es más importante, de todas maneras, es tener en cuenta la constante interrelación existente entre las variables y procesos que intervienen a lo largo de toda la secuencia conductual: toma de decisión, inicio y mantenimiento de la conducta.
  • No es posible entender completamente la secuencia conductual, si no es contemplándola como expresión de la continua interrelación y codeterminación existente entre los diversos factores estructurales y procesos que integran y definen el funcionamiento psíquico individual, así como de las circunstancias y características del contexto en que se desarrolla la conducta.

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