martes, 12 de abril de 2011

TEMA 22 PERSONALIDAD, PROCESOS PSICOLÓGICOS Y CONDUCTA DE SALUD

TEMA 22

PERSONALIDAD, PROCESOS PSICOLÓGICOS Y CONDUCTA DE SALUD.


  • De acuerdo con la hipótesis de que hay características de personalidad, factores estables de diferenciación individual, que predisponen, o facilitan, el desarrollo y mantenimiento de ciertos patrones de conducta, algunas variables de personalidad predisponen a los individuos al desarrollo de conductas que podrían ser peligrosas para su salud. De igual manera, otras variables parecen estar asociadas al desarrollo de conductas protectoras de la salud.

  • rasgos de personalidad y conducta de salud.
  • Con el propósito de someter a prueba esta hipótesis, se ha llevado a cabo un gran volumen de investigación, esencialmente de carácter correlacional. El principal problema al que se ha enfrentado este tipo de investigaciones es el empleo de una gran diversidad de constructos de personalidad, frecuentemente redundantes y medidos con diferentes instrumentos, junto a la ausencia de un marco de referencia conceptual que pudiera dar coherencia a esta área.
  • El modelo de los Cinco Factores incorpora la mayor parte de los resultados de investigación generados a partir de otros modelos teóricos asociados con las dimensiones de Extraversión, Neuroticismo y Apertura Mental (variable estrechamente relacionada con Búsqueda de Sensaciones). De igual manera esta investigación ha mostrado que las dimensiones de Afabilidad y Tesón son también relevantes para el desarrollo de conducta saludable y el logro de más elevados niveles de bienestar psíquico y físico.
  • Con respecto a la dimensión de Afabilidad, la evidencia indica que esta dimensión está asociada al desarrollo regular de ejercicio físico, prácticas de autocuidado, menor consumo de sustancias potencialmente peligrosas y mejor control dietético.
  • La dimensión de Tesón, por su parte, parece asociada a mejor condición física, mayor adherencia al tratamiento médico, mejores hábitos de salud y longevidad.

  • estado actual de la cuestión.
  • Junto a esta evidencia relativa al papel que el modelo de los Cinco Factores puede jugar, como marco de referencia para integrar la investigación sobre personalidad y salud, tres cuestiones requieren una mayor atención.
    • Primera, si el modelo de Cinco Factores es un marco de referencia suficiente para abarcar las diferentes variables de personalidad empleadas en la investigación sobre personalidad y salud.
    • Segunda, interesa conoce hasta qué punto estos cinco grandes factores de personalidad explican suficientemente las relaciones observadas hasta ahora entre salud y factores más específicos de personalidad.
    • Tercera, es preciso conocer igualmente los mecanismos y procesos que podrían estar mediando entre estas dimensiones básicas y comunes de personalidad y los diferentes criterios de salud.
  • La mayoría de las medidas de personalidad comúnmente empleadas en este ámbito de investigación pueden ser agrupadas en dos grandes conjuntos:
    • El primero de ellos de carácter emocional, integrado por variables como ansiedad, depresión, hostilidad, impaciencia, cinismo, alienación paranoide, estilo de afrontamiento de carácter emocional y locus de control externo. Neuroticismo y Afabilidad se integrarían en este conjunto.
    • El segundo de carácter motivacional-energético, estaría integrado por variables como competitividad, autoeficacia, optimismo, internalismo y estrategias de afrontamiento centradas en el problema. Tesón, Extraversión y Apertura mental se integrarían en éste.
  • Las Cinco grandes dimensiones de personalidad explican menos del 30% de la varianza de muchas otras variables específicas, incluyendo variables tan significativas en este contexto como optimismo, impaciencia, depresión, locus de control o estrategias de afrontamiento centradas en el problema. En consecuencia, puede resultar prudente tomar en consideración la contribución potencial de algunos de estos factores específicos y su evaluación independiente en la medida en que con ello se puede incrementar de manera sustancial el poder predictivo de dimensiones más globales de personalidad como las representadas por los cinco grandes.
  • Para responde a la segunda cuestión (¿hasta qué punto los cinco grandes pueden dar cuenta de las relaciones observadas entre salud y factores específicos de personalidad?) las asociaciones tradicionalmente encontradas entre criterios de salud y variables de personalidad, tales como autoeficacia, hostilidad, optimismo, ansiedad o estrategias de afrontamiento, prácticamente se reproducen en las asociaciones encontradas entre los criterios de salud considerados y las cinco grandes dimensiones de personalidad.
  • Convendría dedicar en un futuro próximo mayores esfuerzos de investigación encaminados a la identificación de las circunstancias, o para el análisis de qué problemas específico, bastaría con la sola evaluación de estas cinco dimensiones básicas y en cuáles será preciso tomar complementariamente la medición de otras variables específicas de personalidad.
  • Finalmente, con respecto a los posibles mecanismos que servirían de puente entre estas cinco dimensiones generales y salud:
    • Las cinco dimensiones de personalidad parecen consistentemente asociadas con factores y procesos dinámicos como las estrategias de afrontamiento que la gente emplea, el mantenimiento de un entorno de apoyo social estable, el tipo de acontecimientos a los que hace frente, la calidad del entorno en que se desarrolla la vida diariamente, y las creencias que mantiene sobre la salud.
    • Estos factores y procesos median la asociación significativa existente entre personalidad y criterios de salud. Este efecto mediacional (reflejado en el descenso que se produce en el coeficiente de correlación entre personalidad y criterio de salud cuando se controla el efecto que sobre esta correlación ejerce el factor mediador) viene a poner de manifiesto que la asociación entre personalidad y criterios diversos de salud se explica en gran medida por la actuación de procesos dinámicos y procesos psicosociales.
  • Los datos aportados por esta primera línea de investigación, relativa a la asociación entre criterios de salud y variables de personalidad, consideradas aisladamente o integradas en el marco definido por los cinco grandes, son importantes para la identificación de diferencias individuales en frecuencia, intensidad y predisposición a desarrollar conductas de riesgo, o, por el contrario, conductas preventivas y promotoras de salud. Sin embargo, nos dicen poco acerca de las razones por las que estas diferencias ocurren.



PROCESOS PSICOLÓGICOS Y CONDUCTA DE SALUD.

  • modelos de conducta de salud.
  • Modelo de creencias sobre la salud. En este modelo se sostiene que el desarrollo de una determinada conducta preventiva dependerá de las expectativas y valoraciones que el individuo mantiene respecto de:
    • La probabilidad que cree tener de sufrir las consecuencias negativas potencialmente asociadas a la conducta de riesgo que actualmente desarrolla (susceptibilidad percibida).
    • La gravedad que asigna a tales consecuencias.
    • Los beneficios que cree le reportará la conducta preventiva.
    • Las dificultades y obstáculos que podrían impedirle llevar a cabo la conducta preventiva, o disminuir su atractivo potencial.
  • La hipótesis es que desde este marco de referencia se entiende que la posibilidad de que se adopte una determinada conducta protectora de la salud será mayor mientras más elevados sean los niveles de susceptibilidad y gravedad percibidas, mayores los beneficios que se obtendrían de la conducta preventiva y menores los costes y dificultades para llevarla a cabo.
  • Teoría de la Utilidad Subjetiva Esperada. El supuesto central de este modelo establece que las personas evalúan el coste, beneficios y posibles consecuencias de las distintas alternativas de conducta disponibles en cada situación y momento determinados y elige aquella alternativa que le puede reportar mayores beneficios.
  • Una segunda matización importante que se incorpora en esta teoría es la necesidad de contextualizar la percepción de vulnerabilidad, según se vaya a llevar a cabo o no la conducta preventiva.
  • Desde esta perspectiva, se espera que:
    • La intención de llevar a cabo la conducta preventiva se incremente en la medida en que se perciba que puede ser beneficiosa y que la vulnerabilidad es elevada si no se adopta la conducta preventiva.
    • Por el contrario es poco probable que la conducta preventiva se desarrolle si supone un elevado coste o se percibe elevada vulnerabilidad aun realizando tal conducta.
  • Teoría sobre la Motivación de Protección. Desde esta teoría se defiende que determinados factores ambientales y personales, ante la presencia de ciertos estímulos internos o externos, pondrían en marcha procesos cognitivos que median, condicionan, el que una persona tome la decisión o no de cambiar su conducta. Estos procesos cognitivos tienen como finalidad valorar, por un lado, la cantidad de riesgo que uno puede estar corriendo y las posibilidades que uno cree tener de hacerle frente con posibilidades de éxito, por otro.
  • El efecto conjunto de estos dos procesos de valoración es lo que determina lo que en esta teoría se denomina motivación de protección: lo que facilita, en otras palabras, que se tome la decisión de cambiar o no la conducta.
  • Teoría de la Acción Razonada. La hipótesis general propuesta viene a decir que la decisión de adoptar una conducta determinada es función esencialmente de:
    • La actitud que uno mantiene hacia la misma; esto es, la valoración que se hace de la conducta.
    • La presión social existente sobre el individuo para que lleve a cabo o no la conducta (norma subjetiva).
  • Desde esta perspectiva, la decisión de llevar a cabo una conducta preventiva específica va a depender, básicamente, de que:
    • Se mantenga una actitud positiva, favorable, hacia la misma.
    • Se cuente con un entorno social que apoye el desarrollo de la conducta.
    • Exista disposición por parte del sujeto a seguir esta presión social positiva y aprovechar el apoyo que le puede prestar este entorno social favorable.
  • Teoría de la Conducta Planificada. En una posterior elaboración de la Teoría de la Acción Razonada, se incorpora como determinante de la intención de conducta, junto a Actitud y Norma Subjetiva, el Control Conductual Percibido (concepto próximo a autoeficacia), esto es, la expectativa que mantiene una persona acerca de su capacidad y los recursos de que dispone para llevar a cabo con éxito la conducta.


  • integración y evidencia empírica.
  • Prácticamente todos estos modelos comparten una hipótesis general común, esto es, que la conducta humana es esencialmente racional e intencional. Se espera, por tanto, que:
    • Primero, para emprender una nueva conducta, o para modificar alguna ya existente en el repertorio de conductas del individuo, la gente pone en marcha un conjunto de procesos cognitivos, afectivos y motivacionales, a partir de los que toma la decisión de emprender un determinado curso de acción.
    • Segundo, una vez que se ha tomado la decisión, la conducta consistente con tal decisión se llevará a cabo automáticamente.
  • El proceso de tomar una decisión se supone está condicionado por:
    • El análisis y evaluación de los posibles cursos de acción, las potenciales consecuencias asociadas a cada alternativa de conducta, la disponibilidad de recursos para lograr o evitar tales consecuencias, el balance coste-beneficio asociado a cada opción conductual y las influencias y presiones sociales a favor o en contra del curso de acción que uno ha decidido seguir.
    • Los procesos afectivos activados por cada alternativa potencial de conducta.
    • La congruencia existente entre cada alternativa de conducta y las otras metas, valores y proyectos que el individuo persigue y mantiene en un determinado momento, y, en general, a lo largo de su vida.
  • Tomando como marco de referencia la integración de los principales constructos propuestos por el Modelo de Creencias sobre la Salud y en la Teoría de la Conducta Planificada, los procesos psicológicos que influyen en el desarrollo de cambio de conducta y la naturaleza de las interrelaciones existentes entre los mismos ponen de manifiesto que, junto al esperado valor determinante de la actitud, control percibido y norma subjetiva, la intención de cambio de conducta se ve igualmente influida por el balance coste-beneficios que hace el sujeto y por la percepción de vulnerabilidad. En este último caso, no obstante, su efecto se debe esencialmente a la mediación del balance y norma subjetiva.
  • En resumen, la conducta viene determinada por:
    • La confianza en la propia capacidad y recursos para efectuar el cambio y alcanzar la meta propuesta.
    • La valoración del objetivo fijado.
    • La presencia de elementos en el contexto social, que apoyen el desarrollo de la conducta.
    • Al mismo tiempo, se subraya el valor determinante del balance coste-beneficios asociado a la conducta, y, aunque con menor fuerza, la percepción de vulnerabilidad o necesidad de cambio percibida por el individuo.



DOS CUESTIONES Y PROPUESTAS DE RESPUESTA.

  • ¿es siempre racional la conducta?
  • Una hipótesis central de los modelos sobre conducta de salud es que la gente es capaz de percibir el riesgo asociado a sus conductas y que tal percepción les impulsa a iniciar las conductas apropiadas para prevenir o disminuir tal riesgo.
  • La implicación de esta hipótesis es que mientras mayor es la gravedad de las consecuencias asociadas a una determinada conducta y mientras mayor es la vulnerabilidad percibida a tales consecuencias, mayor será el deseo y la intención del individuo de cambiar dicha conducta y mayor será la probabilidad de que esta intención resulte en conducta consistente con la intención.
  • El problema es que la investigación disponible tiende a mostrar que esta hipótesis no siempre se cumple. Así, no es infrecuente observar cómo la gente tiende a infravalorar el riesgo que pueden estar corriendo de sufrir consecuencias negativas para su salud.
  • Por otro lado, el factor vulnerabilidad es con frecuencia el que menos influencia predictiva muestra sobre intención y conducta. Más aún, los resultados de investigación son a veces los opuestos a los sugeridos en la hipótesis: mientras mayor es el riesgo que uno está corriendo, menor parece la intención de cambiar la conducta origen de la amenaza y mayor su mantenimiento en el futuro.
  • La percepción de vulnerabilidad sólo facilita que se tome la decisión de adoptar la conducta preventiva que se le está sugiriendo al sujeto, cuando al mismo tiempo uno cree que la conducta preventiva puede ser una medida eficaz para disminuir o anular la amenaza y se considera uno capaz de llevarla a cabo.
  • El mecanismo más frecuentemente sugerido para explicar estas incongruencias comportamentales y claros ejemplos de irracionalidad es la presencia de sesgos en el proceso cognitivo por el que el individuo valora el riesgo que está de hecho corriendo. Estos sesgos cognitivos causan una percepción distorsionada de sí mismo como invulnerable o, al menos, menos vulnerable de lo que realmente se es.
  • ¿Qué causa esta distorsión en la percepción del nivel de invulnerabilidad? La gente podría estar manteniendo una cierta ilusión de invulnerabilidad debido a la actuación de procesos cognitivos y motivacionales:
    • En el primer caso, la percepción del nivel de riesgo estaría afectada por sesgos en el procesamiento de la información, por ejemplo analizar la situación destacando sus posibles consecuencias beneficiosas, compararnos con otras personas que están aún peor que nosotros, imaginarse situaciones aún peores…
    • En términos motivacionales, este sesgado funcionamiento cognitivo podría interpretarse como un intento de mantener la autoestima, evitar las consecuencias emocionales negativas que resultarían de la admisión del riesgo que uno podría estar corriendo…
  • Esta interpretación sería consistente con dos hechos: la infravaloración de la vulnerabilidad personal es mayor y más frecuente cuando la situación se percibe como controlable, y cuando la conducta en cuestión se ha venido desarrollando durante un periodo largo de tiempo.

  • ¿cómo explicar las discrepancias entre intención y conducta?
  • Desde la racionalidad que parece caracterizar el análisis de la conducta en la mayoría de los modelos de conducta de salud, se espera que una vez el individuo ha tomado la decisión de cambiar, esta intención de cambio se traducirá automáticamente en formas de conducta consistentes con tal intención. No es infrecuente, sin embargo, observar significativas discrepancias entre intención y conducta.
  • Entre las posibles razones aducidas para dar cuenta de estas discrepancias, las tres siguientes parecen las más plausibles:
    • La declaración de intención puede no ser sincera.
    • Puede producirse un efecto interferente de procesos afectivos activados por la información o por las futuras expectativas asociadas a la propia conducta.
    • Puede ser que los procesos que guían la toma de decisión no sean los mismos que los que activan y mantienen las conductas consistentes con tal intención.
  • Una de las posibles razones, de naturaleza esencialmente metodológica en este caso, para estas discrepancias es que la gente falsea sus declaraciones de intenciones. La presión social para abandonar tales conductas podría ser tan fuerte que la mayoría de la gente que las practica informaría que han tomado la decisión de cambiarlas aunque son conscientes al mismo tiempo de que lo más probable es que no sean capaces de realizar tales cambios.
  • Este sesgo en la declaración de intención y la consecuente discrepancia intención-conducta, serían particularmente significativos en las conductas preventivas; esto es, cuando se trata de poner en marcha medidas para frenar o contrarrestar conductas de riesgo integradas en el estilo de conducta habitual del individuo.
  • Gibbons y cols. sugieren la conveniencia de emplear mediciones indirectas que nos permitan acercarnos más a lo que realmente el sujeto cree que va a ser su conducta futura; en lugar de preguntarle directamente qué desea hacer en el próximo futuro.
  • Una explicación alternativa apelaría al papel que pueden jugar los procesos afectivos activados por la información recibida sobre el riesgo que se está corriendo y por la expectativa de las potenciales consecuencias futuras asociadas al hecho de continuar con la conducta de riesgo o adoptar la conducta preventiva y promotora de salud. Estos procesos afectivos podrían distorsionar el proceso racional de toma de decisión e interferir en el desarrollo de conducta consistente con la decisión tomada.
  • Podría suceder, finalmente, que los procesos psicológicos que intervienen en la fase de toma de decisión sean diferentes a los que mantienen la conducta, o al menos puede que estos procesos, aun siendo los mismos, no ponderen de la misma manera en las diferentes fases de la secuencia conductual.
  • Los procesos son probablemente los mismos en las diferentes fases que forman cualquier secuencia de conducta, pero su significado e incidencia pueden no ser idénticos en cada fase. Las posibles discrepancias entre la decisión tomada de modificar en una determinada dirección la conducta, o emprender formas nuevas de conducta, y el comportamiento de hecho, pueden deberse al ineficaz funcionamiento de procesos psicológicos que, de manera más directa y próxima, gobiernan el inicio y mantenimiento de la conducta en el tiempo.
  • El proceso de toma de decisión vendría condicionado por procesos cognitivos, sociales, motivacionales y afectivos. La fase postdecisional, a su vez, se vería afectada sustancialmente por procesos volitivos, sin descartar por ello la presencia y contribución colateral de los otros procesos señalados.
  • Inicio de la conducta. El que las intenciones se queden con frecuencia en buenos propósitos y no lleguen nunca a reflejarse en conductas apropiadas y acordes con la intención, se debe a que no se han planificado adecuadamente las circunstancias, el momento o las condiciones en que se va a poner en marcha la conducta.
  • El inicio de la conducta consistente con la intención vendría facilitado por la formulación contextualizada de la intención, indicando de manera explícita cuándo y en qué circunstancias se llevará a cabo la conducta necesaria para alcanzar la meta. Al contextualizar la intención conductual, como estrategia autorreguladora, lo que se hace es establecer lazos de contingencia entre formas específicas de conducta y los contextos situacionales apropiados.
  • De esta forma, la probabilidad de que se pase de la intención a la conducta se ve incrementada por el valor activador del doble compromiso contraído. Por un lado, el formulado en la declaración de intención y, por otro, al hacer explícitas las condiciones y circunstancias en que se llevará a cabo la conducta que se ha decidido realizar.
  • Persistencia de la conducta. El mantenimiento y la persistencia de la conducta hasta que se alcanza la meta propuesta, por otro lado, se varía favorecidos por el empleo de otras estrategias dirigidas a mantener el valor motivacional de la intención, preservar la conducta de posibles interferencias de otras metas, e introducir los cambios y adaptaciones necesarios en la conducta para lograr el mayor ajuste posible entre intención y conducta.
  • Para entender el desarrollo y persistencia en conductas protectoras de la salud, es importante tener en cuenta la dimensión temporal considerada al establecer la meta a lograr, así como la evolución temporal tanto de las posibles dificultades para llevar a cabo la conducta, como de los potenciales beneficios asociados a la misma:
    • Dimensión temporal: el establecer metas a corto plazo o distribuirlas en submetas, facilita el mantenimiento de su poder motivador y la obtención de feedback periódico.
    • Evolución temporal de dificultades y beneficios: del mismo modo, es comprensible que resulte difícil el desarrollo de nuevas formas de conducta cuando los costes a corto plazo son elevados y los beneficios aparecen lentamente. Lo contrario ocurriría cuando los costes a corto plazo son bajos y los posibles beneficios aparecen pronto.
  • Para ilustrar todo esto, se presenta el análisis de Weinstein sobre cuatro posibles secuencias en la adopción de conductas protectoras de la salud.

    Evolución temporal del riesgo y coste asociados a la realización de cuatro conductas protectoras de la salud. El eje horizontal indica el momento en que se inicia la conducta protectora. El vertical la magnitud del riesgo (gris oscuro) y la cantidad de esfuerzo implicado en la realización de la conducta (gris claro)

  • En el cuadro “a”, la realización de la conducta saludable supone un coste pequeño y los beneficios aparecen rápidamente. En este caso tendríamos conductas muy fáciles de llevar a cabo.
  • En el cuadro “b” se representa el proceso de adopción de una conducta que, a corto plazo, supone un coste significativo, pero que produce efectos beneficiosos rápidamente.
  • En el cuadro “c” puede observarse cómo el riesgo desciende de inmediato, una vez se ha puesto en marcha la conducta preventiva, aunque su mantenimiento supone un importante esfuerzo sostenido.
  • En el cuadro “d” se presenta la secuencia esperable en conductas que aportan beneficios lentamente y a largo plazo, mientras suponen un coste significativo inicial que iría disminuyendo poco a poco a lo largo del tiempo.
  • Lo que es más importante, de todas maneras, es tener en cuenta la constante interrelación existente entre las variables y procesos que intervienen a lo largo de toda la secuencia conductual: toma de decisión, inicio y mantenimiento de la conducta.
  • No es posible entender completamente la secuencia conductual, si no es contemplándola como expresión de la continua interrelación y codeterminación existente entre los diversos factores estructurales y procesos que integran y definen el funcionamiento psíquico individual, así como de las circunstancias y características del contexto en que se desarrolla la conducta.

TEMA 21 PERSONALIDAD Y ENFERMEDAD

TEMA 21

PERSONALIDAD Y ENFERMEDAD.


PERSONALIDAD Y ENFERMEDAD.

  • A la hora de analizar las relaciones entre personalidad y enfermedad, se deben tener en cuenta dos aspectos:
    • Por una parte, antes de que una variable pueda ser considerada como un factor de riesgo para la salud deben cumplirse una serie de criterios: que se hayan realizado diseños de investigación prospectivos, tomar indicadores objetivos de enfermedad, que la asociación entre personalidad y enfermedad sea consistente, que dichas asociaciones no sólo sean significativas estadísticamente sino que además lo sean a un nivel práctico y que exista una teoría biológica viable para explicar los mecanismos que median la asociación entre personalidad y enfermedad.
    • Por otra parte, cuando se analizan las relaciones entre personalidad y enfermedad, éstas pueden ser directas o mediadas por otras variables.
  • Para explicar las relaciones entre personalidad y enfermedad se ha apelado a dos tipos de mecanismos:
    • Directos: estaría la excesiva reactividad fisiológica ante el estrés.
    • Indirectos: la personalidad puede promover la enfermedad a través de su efecto sobre las conductas o hábitos de salud y sobre las reacciones a la enfermedad.
  • Teniendo en cuenta estos mecanismos, se han propuesto cuatro modelos para explicar los procesos por los que la personalidad puede influir en la salud, modelos que en cualquier caso, no sería excluyentes sino complementarios:
    • Estrés como modulador: se sugiere que la reactividad fisiológica constituye el puente de enlace entre la personalidad y la salud. El estrés psicológico produce aumentos en la actividad simpática y adrenocortical. A lo largo del tiempo, las respuestas fisiológicas exageradas repetidas en muchas ocasiones, contribuirían a la etiología de la enfermedad.
La personalidad puede servir para atenuar o exacerbar la conexión entre el estrés y sus consecuencias en distintos puntos de la secuencia estrés-afrontamiento. Puede afectar a la valoración del acontecimiento y a las estrategias de afrontamiento. También afecta a la selección de situaciones donde la persona actuará.
    • Conducta de salud: se sugiere que la personalidad influye en la salud porque afecta a las prácticas o conductas de salud. Los efectos de la personalidad serían indirectos, al estar mediados por dichas prácticas o conductas.
    • Vulnerabilidad constitucional: propone que una cierta predisposición o vulnerabilidad constitucional sería la causa de una mayor labilidad autonómica, lo que a su vez influye en los procesos de personalidad y en los problemas de salud. Se apunta a la influencia fisiológica como causa de la enfermedad, mientras que la personalidad sería un correlato no causal.
    • Conducta de enfermedad: la personalidad impacta la experiencia subjetiva de enfermedad y las respuestas ante los síntomas percibidos. Se deriva de la evidencia que indica que la enfermedad objetiva a veces no se corresponde con el informe de síntomas.
  • Hay dos aproximaciones a la hora de analizar las relaciones entre personalidad y enfermedad:
    • La aproximación basada en la especificidad asume que hay rasgos o patrones de personalidad específicos que se asocian con enfermedades concretas.
    • La aproximación basada en la generalidad indicaría que se puede hablar de una susceptibilidad general del individuo hacia la enfermedad afectada por distintos factores o características de personalidad, que facilitan o inhiben el comienzo de una serie de enfermedades.

APROXIMACIÓN GENERAL.

  • factores de riesgo.

  • Las variables de personalidad relacionadas con la enfermedad a través de su asociación con la respuestas ante el estrés, los hábitos de salud y/o las reacciones ante la enfermedad son:

alexitimia Incapacidad para entender o describir los propios estados emocionales
ira interiorizada Experimentar sentimientos de enfados sin expresarlos
ira exteriorizada Manifestar conductas agresivas motivadas por sentimientos de enfado
hostilidad Actitudes cínicas que aumentan las reacciones de ira
hostilidad defensiva Hostilidad acompañada de aversión a informar socialmente aspectos no deseables de uno mismo
estilo interpersonal
antagónico
Tendencia a estar en desacuerdo y expresar ira hacia los demás
control de la ira Resistencia a enfadarse y/o control de la experiencia de ira
supresión emocional Inhibición consciente de la conducta emocional
aceptación realista Resignación ante la enfermedad, pero no necesariamente acompañada de un estado afectivo positivo
negación Rechazo consciente a la realidad
neuroticismo Factor de personalidad caracterizado por la tendencia a experimentar ansiedad y labilidad emocional
afectividad negativa Tendencia a experimentar estados emocionales desagradables
rasgo de ansiedad Tendencia a percibir más situaciones como amenazantes y reaccionar con más respuestas de ansiedad
depresión Estado de ánimo disfórico caracterizado por una tristeza intensa, indefensión, sentimientos de inutilidad, soledad y culpa
indefensión Creencia en que uno no puede alterar la ocurrencia de acontecimientos aversivos
estilo explicativo pesimista Creencia en que los acontecimientos negativos son causados por factores internos, estables y globales, y los positivos por factores externos, inestables y específicos
síndrome de poder inhibido Combinación de alta motivación de poder, baja de afiliación y alto autocontrol
búsqueda de sensaciones Tendencia a comprometerse en actividades consideradas como peligrosas por la mayoría
optimismo no realista Expectativa injustificada de resultados positivos y/o sentimientos exagerados de invulnerabilidad
patrón de conducta tipo a Estilo caracterizado por alta motivación de logro, impaciencia, sobrecarga laboral y hostilidad

  • Neuroticismo. Distintos estudios longitudinales muestran que el neuroticismo predice una exposición futura a acontecimientos vitales negativos, en parte porque los individuos más neuróticos experimentan reacciones más fuertes de malestar ante los estresores diarios.
    • Hay individuos neuróticos que presentan un sesgo de autovaloración caracterizado por una percepción más negativa de sí mismos, de sus posibilidades de control, de su competencia social, o de la buena voluntad de los demás.
    • Otros muestran una autofocalización en sus propios pensamientos, sentimientos y preocupaciones. Focalizar la atención en el propio cuerpo y en su funcionamiento lleva a informar más síntomas y sensaciones.
    • Finalmente, hay personas altas en neuroticismo que muestran un sesgo en el afrontamiento, utilizando estrategias centradas en la emoción como la autocrítica, atendiendo activamente al carácter amenazante de las situaciones y renunciando a la evitación que podría en algunos casos producir un cierto alivio temporal ante el malestar.
  • Supresión emocional. El término se utiliza para referirse a una inhibición deliberada y consciente, que supone un esfuerzo importante, de los afectos negativos y/o de su expresión. La represión de la emoción se considera un estilo de afrontamiento en el que los individuos evitan prestar atención a los acontecimientos negativos y a las reacciones afectivas relacionadas con ellos.
  • Se ha encontrado evidencia a favor de que este estilo represor potencia el desarrollo de ciertas enfermedades como el cáncer, afectando al funcionamiento del sistema inmunológico.
  • Estilo explicativo pesimista. Se incluiría junto con otros constructos como indefensión, desesperanza, pesimismo, fatalismo y depresión, bajo una categoría más amplia referida como desencanto. La investigación ha encontrado relaciones directas entre estilo explicativo pesimista y mayor depresión, inmunosupresión, peor salud física o menor supervivencia en pacientes con enfermedad coronaria o cáncer de mama.
  • El estilo explicativo se relaciona con la salud a través de las estrategias de afrontamiento que se ponen en marcha ante las situaciones estresantes, el nivel de autoeficacia percibida y los hábitos de salud.


  • factores protectores.

  • Las variables de personalidad protectoras ante la enfermedad a través de su asociación con la respuesta ante el estrés, los hábitos de salud, y/o las reacciones ante la enfermedad son:

afrontamiento de evitación Distraer la atención de la fuente del problema o de los efectos del estrés
afrontamiento centrado en la emoción Esfuerzos por regular la experiencia emocional
afrontamiento centrado en el problema Esfuerzos por dirigirse y solucionar la fuente de estrés o problema
extraversión Factor caracterizado por sociabilidad, expresividad emocional y búsqueda de estimulación
optimismo Expectativa generalizada de resultados positivos
locus de control Expectativa generalizada sobre si los resultados son interna o externamente controlados
autoeficacia Capacidad percibida de manejar adecuadamente un determinado estresor o situación
sentido de coherencia Orientación generalizada hacia el mundo, que representa la capacidad del individuo para creer que lo que ocurre en su vida es comprensible, manejable y significativo
personalidad resistente Personalidad caracterizada por percepción de desafío (vs. Amenaza), control interno (vs. Externo) y compromiso (vs. Alienación)
motivo de afiliación Necesidad de establecer relaciones afectivas con otras personas

  • Sentido de coherencia. Un alto sentido de coherencia llevaría a la persona a adoptar estrategias más adecuadas para afrontar el estrés, con lo que amortiguaría o disminuiría su impacto negativo y sus consecuencias adversas para la salud y el bienestar de la persona.
  • El efecto saludable del sentido de coherencia ha sido probado fundamentalmente con índices subjetivos de salud, es decir, más con la salud psicológica que física. También se ha asociado con más afrontamiento dirigido a solucionar los problemas y menos centrado en la emoción, la práctica de más conductas saludables y con más disponibilidad de apoyo social.
  • Locus de control. Teniendo en cuenta que las personas internas buscan más información relevante para solucionar las situaciones o tareas que tienen entre manos, también lo harán sobre medidas preventivas, por lo que se mantendrán más fácilmente sanos.
  • Habría dos momentos de la secuencia estrés-enfermedad en que las variables personales tienen su mayor participación y relevancia. Estos momentos coincidirían con la valoración primaria y secundaria del modelo de Lazarus y Folkman:
    • En la valoración primaria se esperaría que los internos tiendan a percibir la situación más como desafío o reto, mientras que los externos la perciban más como amenaza.
    • Durante la valoración secundaria, podríamos anticipar que la externalidad se asociaría más con la creencia de que uno no tiene recursos para hacer frente a la situación, presentando, posiblemente, más síntomas de malestar (o reacciones emocionales fuertes).
  • Podemos señalar dos vías de relación entre control personal y salud:
    • Las personas que tienen un fuerte sentido de control personal pueden ser más capaces de mantener su salud y prevenir la enfermedad.
    • Contraída la enfermedad, las personas con fuerte sentido de control pueden ajustarse a la misma, promoviendo más acciones encaminadas a una mejor y pronta recuperación.
  • Las investigaciones revelan que los internos perciben antes las amenazas potenciales y están más preparados para llevar a cabo alguna estrategia adaptativa frente a los efectos de estos estresores. Los internos se comprometen más en estrategias centradas en el problema, mientras los externos lo hacen en estrategias centradas en la emoción.
  • En la medida en que los externos parecen ser más propensos a experimentar reacciones emocionales negativas ante el estrés, y también, a su mayor utilización de estrategias centradas en la reducción de las mismas, llevarán a cabo menos acciones directas que introduzcan cambios en la situación, por lo que es de suponer que el impacto y duración del espesor y sus consecuencias serán mayores que en los internos. En términos generales, aquellos que creen que tienen poco control, presentan hábitos de salud más pobres, contraen más enfermedades y llevan a cabo menos acciones de prevención o recuperación.
  • Los resultados del estudio de Auerbach, Kendall, Cuttler y Levitt apuntan a la mejor adaptación cuando se produce congruencia o concordancia entre las expectativas de control sobre la salud y el tipo de tratamiento (interno o externo) o manipulación introducida:
    • Internos+información relevante=afrontamiento centrado en problema y mejor adaptación.
    • Externos+información distractora=afrontamiento centrado en emoción y peor adaptación.
  • Sin embargo, a pesar de la importancia del constructo LOC en el marco de la salud, su efecto tiende a explicar en torno a un 10% de la varianza conductual.
  • Wallston propone una reformulación de la teoría del aprendizaje social en su aplicación a la salud: que un individuo se compromete en conductas de salud será función multiplicativa de:
    • El grado en que cree que sus acciones influirán en su salud (LOC interno para la salud).
    • El grado en que el individuo valora la salud.
  • Así, el valor de la salud sería un moderador de las relaciones entre las creencias internas para la salud y las propias conductas de salud.
  • Para predecir conductas más especificas, sería más interesante hablar de competencia percibida o expectativa generalizada de la persona de que puede interactuar de forma efectiva con su entorno. De esta forma, se combinaría una expectativa de conducta con una expectativa de resultado, sin la ambigüedad inherente al locus de control
  • Personalidad resistente o hardiness. Las personas resistentes creen en lo que están haciendo, y en que pueden influir en los acontecimientos importantes de sus vidas, dando la bienvenida al cambio y al desafío personal. Los sanos se caracterizan por:
    • Compromiso o tendencia a comprometerse en lo que uno hace o encuentra, en creer que lo que hace es importante. Este aspecto se traduce cognitivamente en una menor percepción de amenaza en las situaciones estresantes.
    • Control o tendencia a sentir y actuar como si uno tuviera influencia sobre las cosas que ocurren en la vida, es decir, con expectativas internas.
    • Desafío o creencia en que lo normal en la vida es el cambio más que la estabilidad, y que las situaciones se convierten en interesantes incentivos para el desarrollo personal, disminuyendo considerablemente el impacto negativo de los acontecimientos potencialmente estresantes.
  • Estos tres componentes serían partes interconectadas de una orientación vital con propiedades protectoras ante el estrés, gracias a la cual las personas resistentes responden a los estresores potenciales con cogniciones o evaluaciones positivas sobre su nivel de amenaza y sus posibilidades de afrontarlos con éxito.
  • Los estudios sobre hardiness y salud han sido tanto retrospectivos como prospectivos, utilizándose últimamente más estos últimos.

APROXIMACIÓN ESPECÍFICA.

  • personalidad y cáncer.

  • Los estresores así como el malestar psicológico se asocian con cambios en el sistema inmunológico, llevando a una peor autorregulación del mismo.
  • Distintas investigaciones han propuesto la existencia de una serie de variables que, en su conjunto, parecen apuntar a un patrón de conducta característico del cáncer, el patrón tipo C, caracterizado por dificultad en la expresión de las emociones, bajo nivel de hostilidad, de neuroticismo y de ansiedad, tendencia a experimentar indefensión y desesperanza, racionalización, actitudes de autosacrificio, complacencia y de buscar la armonía en las relaciones sociales, falta de asertividad, bajo apoyo social y pérdidas afectivas significativas.
  • El papel fundamental de este patrón de personalidad se encuentra no tanto en la etiología de la enfermedad, cuando en la supervivencia ante la misma.

  • personalidad y enfermedad cardiovascular.

  • Se han identificado cinco variables clave como posibles factores psicológicos y psicosociales de riesgo en la aparición y desarrollo de la enfermedad coronaria:
    • Factores de riesgo crónicos vs. Agudos: entre los primeros estaría, por ejemplo, el estrés laboral. Un factor agudo físico o psicológico puede desencadenar problemas como isquemia, infarto o muerte súbita. Una tercera categoría estaría formada por los factores de riesgo episódicos, que no son ni agudos ni crónicos pero pueden durar varios meses e incluso años.
    • Estatus socioeconómicos: es un predictor importante de riesgo cardiovascular, así como de un peor pronóstico en los pacientes cardiacos, a través, por ejemplo, de la práctica de conductas de riesgo, bajos hábitos de salud, bajo apoyo social o estrés crónico.
    • Depresión y síntomas depresivos: el nivel de depresión incrementa el riesgo de enfermedad cardiovascular. La depresión es mayor en pacientes cardiacos, especialmente en post-infartados.
    • Apoyo social: el bajo apoyo social o aislamiento social predice un riesgo mayor de enfermedad cardiovascular y mayor mortalidad por todas las causas, así como peor pronóstico en pacientes con enfermedad cardiaca.
    • Personalidad: revisiones y metaanálisis sobre patrón de conducta tipo A y hostilidad muestran una pequeña pero consistente asociación entre estas características de personalidad y las enfermedades cardiovasculares, dando cuenta la personalidad de al menos un 2% de la varianza de la enfermedad.
  • Sería necesario establecer un puente de unión, un nexo explicativo, que permita conectar la personalidad, un factor psicológico, con la enfermedad cardiovascular, un proceso físico. En este sentido, el mecanismo más ampliamente aceptado es el de la exagerada reactividad ante el estrés.
  • Con respecto al modo concreto en que este patrón de reactividad fisiológica se asocia con la presencia de alteraciones cardiovasculares, la hipótesis más sostenida, apela al desarrollo de arterosclerosis, como eslabón entre estas características de personalidad y el desarrollo de alteraciones cardiovasculares.
  • Patrón de conducta tipo A. Se caracterizaría por la tendencia a mostrar ambición, competitividad e implicación laboral, así como impaciencia, urgencia temporal (su rendimiento empeora en la medida en que la realización de la tarea exija trabajar lentamente y actuar con paciencia) y actitudes hostiles (cuando se les molesta o interrumpe mientras están trabajando); conductas que se observarían sólo en situaciones estresantes o de reto.
  • Las personas Tipo A se caracterizan por su permanente afán por sobresalir y rendir bien, su elevado nivel de aspiraciones, su tendencia a preferir tareas que exigen más reto o demandas y sus grandes deseos de controlar. Para explicar cómo consiguen este rendimiento superior se apela a un mecanismo de focalización atencional consistente en que se centrarían en aquellos estímulos ambientales que son relevantes para la tarea en la que quieren destacar, ignorando, además, aquella estimulación periférica que pudiera interferir en la correcta realización de la misma.

    Pregunta: la investigación ha mostrado que el rendimiento superior de los sujetos Tipo A es posible gracias a... la puesta en marcha de un mecanismo de focalización atencional.
  • Esta estrategia atencional ha sido puesta de manifiesto en numerosas investigaciones, que con pequeñas variaciones se pueden agrupar en torno a dos tipos esencialmente: análisis del rendimiento y análisis de los informes de síntomas percibidos. Los instrumentos más utilizados para evaluar el PCTA son la entrevista estructurada y el inventario JAS, en su forma C.
  • Los primeros estudios epidemiológicos llevados a cabo al comienzo de la investigación sobre PCTA permitieron concluir que era un factor de riesgo para la enfermedad coronaria, al margen del determinado por la edad, la presión arterial sistólica, el colesterol sérico y el tabaquismo, y aproximadamente igual al de todos estos factores de riesgo juntos. Los resultados más discrepantes y que ponen en duda la relación del PCTA con la incidencia de patología coronaria provienen de estudios que utilizan muestras de individuos de alto riesgo.
  • Para explicar la mayor incidencia de trastornos cardiovasculares entre los sujetos Tipo A se sugiere que éstos, comparados con los B, responden a una gran variedad de estímulos con reactividad simpática, que se traduciría en una mayor actividad cardiovascular, endocrina o de otras medidas. Al mismo tiempo, muestran una más lenta recuperación de los niveles basales cuando se enfrentan a situaciones estresantes.
  • La relación ente el PCTA y la hiperreactividad no es unívoca, sino que está modulada por distintos parámetros o variables intervinientes como el procedimiento de análisis, el instrumento de evaluación, la respuesta registrada (presión sistólica y frecuencia cardiaca), sexo (resultados más consistentes en hombres) y tipo de tareas y estrés situacional.
  • Hostilidad. Es realmente un constructo muldimensional que incluye aspectos emocionales (ira), cognitivos (cinismo, desconfianza y denigración) y comportamentales (agresión).
  • Se han hecho varias distinciones conceptuales, como por ejemplo:
    • Ira interiorizada (ira-in): se define como una inhibición de la expresión de ira.
    • Ira exteriorizada (ira-out): tendencia a responder con agresión verbal o física.
  • O la distinción entre experiencia de hostilidad, que hace referencia a factores subjetivos, como procesos afectivos (ira y emociones relacionadas) y procesos cognitivos de hostilidad (suspicacia y cinismo); y expresión de hostilidad, que se refiere a la conducta agresiva abierta, ya sea verbal o física.
  • Uno de los modelos que se proponen para explicar la mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares entre las personas hostiles es el que propone una excesiva y/o prolongada reactividad fisiológica (cardiovascular y neuroendocrina) de estos sujetos cuando se enfrentan con las distintas situaciones estresantes.
  • La mayoría de los estudio ponen de relieve que la exagerada reactividad fisiológica de los sujetos hostiles se produce cuando se enfrentan con determinadas situaciones, como retos interpersonales, crítica u hostigamiento. En estas situaciones se activarían determinados estados emocionales negativos como irritación, nerviosismo, tensión, preocupación, ansiedad, ira o frustración, responsables últimos de la reactividad cardiovascular y neuroendocrina.
  • Algunos autores proponen la posibilidad de que la hostilidad sea mejor predictor de la reactividad cardiovascular si se toma en interacción con otras variables. En concreto, proponen su interacción con defensividad, entendida como la tendencia a reprimir aspectos de uno mismo no aceptados socialmente. El grupo con elevada hostilidad defensiva mostraría una mayor reactividad cardiovascular que el de baja hostilidad y alta defensividad.
  • Existe una relación entre hostilidad y diversos hábitos que son factores de riesgo para la salud, por lo que se sugiere que la hostilidad podría tener un efecto indirecto sobre las enfermedades cardiovasculares a través de la potenciación de esos hábitos insanos. Por otra parte, se sugiere que la hostilidad se asocia con una mayor vulnerabilidad social, lo que podría explicar, también indirectamente, su mayor incidencia de enfermedades.
  • El modelo transaccional integraría las aportaciones del modelo de vulnerabilidad psicosocial y el de reactividad fisiológica: las personas que experimentan hostilidad se implican en conductas agresivas que producen conflictos interpersonales, provocando a la vez hostilidad en los demás, lo que conduce a una reducción del apoyo social y al aumento de emociones negativas, que se acompañan de una mayor reactividad fisiológica.
  • Personalidad tipo D. Si bien el PCTA y la hostilidad se han estudiado en relación con el origen y desarrollo de las enfermedades cardiovasculares, la personalidad tipo D se aplicaría a la progresión de las mismas. El constructo se introduce para designar a aquellos pacientes coronarios que muestran dificultades en la expresión de sus emociones negativas. Informarían altos niveles de síntomas depresivos y un bajo nivel de apoyo social. Se refiere, pues, a pacientes coronarios que simultáneamente experimentan emociones negativas e inhiben la expresión de sus emociones en interacción social, siendo más probable que experimenten malestar (distress) durante más tiempo y en más situaciones. Se sugiere:
    • Que el malestar emocional desempeña un importante papel en la progresión de la enfermedad cardiovascular.
    • Que el malestar emocional en los pacientes coronarios refleja diferencias individuales en afectividad negativa.
    • Que la inhibición social modera la asociación entre afectividad negativa y enfermedad cardiovascular.

MODULADORES PSICOSOCIALES: EL APOYO SOCIAL.

  • El apoyo social juega un papel importante en la salud, ajuste personal, estilos de afrontamiento de los problemas y bienestar psicosocial, mediando los efectos del estrés sobre la salud. El apoyo social disminuye la probabilidad de contraer enfermedades, acelera la recuperación en caso de padecerlas e incluso reduce el riesgo de mortalidad cuando se trata de enfermedades graves.
  • House señal que el apoyo social es una transacción interpersonal que incluiría una de estas cuatro categorías de apoyo: emocional, instrumental, informativo y valorativo.
  • El apoyo social consistiría en la obtención por parte de un sujeto de recursos (materiales, cognitivos y/o afectivos) a partir de su interacción con las demás personas o fuentes que apoyo, que permiten al individuo aminorar la percepción amenazante de una situación potencialmente peligrosa, enfrentarse con más competencia a situaciones estresantes y tener menos consecuencias negativas.
  • El apoyo social debe ser entendido como un constructo multidimensional, destacando dos dimensiones que parecen extraerse de las distintas propuestas realizadas por los autores: dimensión cuantitativa vs. Cualitativa. Es decir, por un aparte, la existencia de redes (dimensión cuantitativa o estructural) que proporcionan dicho apoyo y, por otra, el contenido y satisfacción con el mismo (dimensión cualitativa o expresiva).
  • Su estudio debe abordarse desde una perspectiva interactiva, incluyendo características personales (del receptor del apoyo) como de la situación.
  • Habría que recordar que a veces las situaciones engendran necesidades de apoyo no sólo para una persona concreta, sino para otras personas de la red. De esta forma se habla de impacto indirecto en otros miembros de la red, cuando sólo les afecta en la medida en que deben ayudar a una persona; y de impacto directo cuando ellos deben también enfrentarse directamente a la situación.
  • Hay muy diversos instrumentos para medir el apoyo social, como el Cuestionario de Apoyo Social (SSQ), prueba que mide la disponibilidad (personas a las que se recurre en situaciones específicas) y la satisfacción con el apoyo que recibe. La mayoría de los 27 ítems que componen la prueba se refieren a apoyo emocional.

  • efecto sobre la salud.

  • Habría que preguntarse cómo son las relaciones entre apoyo social y salud. En este sentido, podríamos plantear la cuestión de la siguiente manera:
    • ¿El apoyo tiene un efecto directo en la salud al proporcionar ayuda emocional que reduce los efectos de los síntomas, promueve la recuperación, etc., o porque proporciona ayuda y consejo, en todo momento, lo que hace tratar los síntomas más efectivamente?
    • ¿El apoyo social aminora las relaciones entre estresores y salud? (hipótesis buffering).
  • La diferencia principal entre el efecto directo y la hipótesis buffering (o efecto amortiguador) sería que en el primer caso, el apoyo social siempre tendría un efecto positivo para la salud, tanto en épocas de estrés como en ausencia de estrés; mientras que en el caso del efecto buffering el apoyo sólo afectaría a la salud bajo condiciones de estrés.
  • El modelo del efecto principal se apoya cuando es significativo el factor “nivel de apoyo”, de manera que los altos en apoyo informarán siempre menor sintomatología que los bajos, es decir, independientemente del nivel de estrés experimentado. El modelo buffering derivaría de encontrar una interacción significativa apoyo x estrés, siendo parcial cuando altos y bajos en apoyo no se diferencias significativamente ante niveles de bajo estrés y sí lo hacen ante alto.
  • El modelo buffering se encuentra cuando se analiza la calidad, percepción o función; mientras que cuando se analiza la cantidad o disponibilidad, se obtienen efectos principales.
  • El apoyo social más estudiado en relación con la salud ha sido el proporcionado por la existencia de una pareja estable. Ya en los 50 se encontró que las personas casadas experimentaban una tasa de mortalidad menor de cualquier causa que las solteras, viudas o divorciadas de cualquier edad, sexo o raza.
  • Otra línea de investigación se ha centrado en el estudio de la relevancia del apoyo social en el pronóstico y/o recuperación de la enfermedad, una vez que ésta se ha diagnosticado. Hay suficiente evidencia que sugiere que los recursos sociales juegan un papel importante en la morbilidad y mortalidad coronarias. También se han informado efecto moderadores del apoyo social en el caso de pérdida del empleo y con el cambio de hábitos de conducta.
  • El buen apoyo social ejerce un papel beneficioso de cara a la prevención y afrontamiento del estrés y la enfermedad, siempre que en el concepto “buen” incluyamos la consideración de aspectos como problema, donante-receptor, tipo de apoyo recibido o la satisfacción. Aunque la visión tradicional de este constructo es el de una característica del entorno social, evidencia más reciente sugiere que puede ser considerado también como una característica de la persona.